Día 101: El río Li

Para hoy hemos contratado el crucero que viaja por el río Li. En general, hay dos, bueno, tres tipos de cruceros que pueden contratarse.

  1. El primero es el de barcas de bambú, de normal hacen el recorrido desde Guilin hasta Xingping. Las barcas son pequeñas y muy bajitas, por eso aunque es ideal para presupuestos ajustados, no es conveniente si se prevé muy mal tiempo o se lleva mucho equipaje. Yo lo hice en mi primer viaje y me encantó. Lo hubiera repetido. Las barcas suelen ir por un lateral del río para evitar las olas de los grandes barcos de crucero. Tanto si se ha de proseguir viaje hasta Yangshuo como si se ha de regresar a Guilin, hay que coger un autobús desde la Terminal del pueblo.
  2. El crucero en su versión grande. Ferry típico con dos pisos y cubierta descubierta para hacer fotos a tus anchas. Es ideal si hace mal tiempo o se va con muchas maletas. Llegan hasta la ciudad de Yangshuo y te sirven comida en el trayecto. Hay un guía en el barco que explica algunas cosas en inglés.
  3. La tercera opción es la misma que la anterior pero con una guía que sólo habla Chino.

En cualquier caso M y yo hemos escogido la segunda opción. Los pronósticos dicen que hay un 70% de posibilidades de que nos llueva. Yo ya tengo la experiencia de que me llueva durante este recorrido y aunque el paisaje sigue siendo de gran belleza, digamos que mojarnos los traseros en las canoas de bambú no entra en nuestro orden del día.

Los autobuses tienen como punto de partida la calle de nuestro hostal, así que nos pasan a recoger las primerísimas a las 8 en punto. Nuestra guía se presenta como Carrie. Me pide que recuerde su nombre como la Carrie Bradshow de Sex & the city. Os juro que me da repelús sólo de recordar la comparación, grinchs! Consigue caerme mal desde el primer momento, y ya os aviso que al final del día sigue cayéndome igual de mal que en mi primera impresión,..o si cabe, peor.

A medida que pasan los minutos esperando en el autobús, van viniendo pequeñas furgonetas con más viajeros. Al final hacemos un completo 🙂

Tardamos cerca de 30 minutos en completar el recorrido desde el centro de la ciudad hasta la zona de embarque de cruceros. Allí nos juntamos con algunos viajeros extranjeros más (la verdad es que se nos contaba con una mano los que estábamos en el autobús). En esos minutos Carrie repite sin cesar un discurso aprendido, primero en inglés, luego en chino. Digo “aprendido” porque repite sin enterarse ciertos pasajes y dice exactamente las mismas palabras en las dos ocasiones.

M y yo miramos con esperanza el cielo azul que hoy nos ha dado los buenos días. Ya sabemos por la experiencia de ayer que las lluvias en esta zona, son totalmente torrenciales, y que vienen sin avisar si quiera. Pero esperamos que el tiempo se comporte como Dios manda.

Tenemos asientos en el primer piso, alrededor de una mesa. La verdad es que poco me importa porque yo no voy  a pasar mucho rato sentada. Tan pronto el barco sale del puerto subo con mi cámara a contemplar el paisaje.

Luego me lo repienso y bajo a rescatar a M. ¡Y menos mal! porque tenía sospechas de que se quedaría en la mesa contemplando el paisaje, y esas eran sus intenciones. La arrastro hacía arriba. El paisaje no puedo verse bien sino es desde la plataforma que ejerce de mirador.

Allí, entre foto y foto, converso con algunos viajeros. La primera víctima de mis charlas es una china de Zhanjiajie, que acaba de acabar la carrera de informática. Ha tenido que convencer a sus padres para celebrarlo por todo lo alto con un pequeño viaje. Yo visité su lugar de origen en mi primera visita a China, así que tengo algo que conversar con ella al respecto. Aquí, narré la excursión que hice con Anna.

En una esquinita hay un matrimonio que sigue de cerca nuestra conversación. Está más que claro que quieren añadirse a nosotras y la verdad es que no tardan mucho en hacerlo. Son de Indonesia, de Jakarta. Por suerte, también he estado en su país y les confieso que, de hecho, hasta la fecha ha sido uno de mis destinos favoritos. Hablamos durante bastante tiempo todos, esto de juntarse con gente viajera es lo que tiene. “¿de dónde eres?” “de aquí.” “Ah! yo he estado aquí”. “Ui que bien y ¿te gustó?”... así es como empiezan gran parte de las conversaciones en los viajes.

El que vemos es uno de los paisajes más retratados en las pinturas chinas. El billete de 20 yuanes lleva en su reverso este paisajes. Vemos montañas, cordilleras, cuevas, bonitos reflejos en el agua, pequeños botes que venden fruta y se acercan peligrosamente a los barcos en busca de sus clientes,…en el barco parejas haciéndose fotos, viajeros compartiendo experiencias, fotógrafos aficionados que miran el paisaje a través del agujerito o pantalla de su cámara.

En uno de mis cambios de emplazamiento conozco a una fotógrafa italiana. Viene de un desfile de moda en Guangzhou (creo recordar) y ha aprovechado el viaje de empresa para escaparse unos días. Le insisto en que, si tiene tiempo, debe ir a Longshen, le enseño mis fotografías de aficionada a través de la cámara, y realmente toma en serio la sugerencia. Ha vivido en Londres, París y Milán, claro está, las capitales de la moda de Europa. Es su primer viaje a China y aún está viviendo el choque cultural que eso supone.

Entre charlas y fotos hemos llegado a Yangshuo. La guía me ofrece una super visita a todos los pueblos de la zona. No entiende que rechace la excursión y insiste en que le da las razones para no unirme a ella. Me encantaría decirle que me cae mal y ya está, pero me guardo mi mala educación para mí misma y le explico que vamos demasiado cansadas para hacerlo hoy.

En cuanto  entramos a puerto empieza a tronar de lo lindo. Entre los truenos y el diluvio universal que cae hay pocos segundos de diferencia. Vaya fastidio. Pensaba que aquella maldición que teníamos de llegar lloviendo a los sitios había desaparecido ya de nuestras vidas.

No me lo pienso mucho y llamo al hostal para que nos envían un taxi al puerto. La lluvia es fuerte y quizás dura minutos, quizás dura una hora. El hostal está en las afueras del pueblo y no nos importa para nada tener un transporte de puerta a puerta.

Hemos tenido que caminar un poco hasta un sitio dónde el taxi nos pudiera recoger. No son demasiados metros, pero la caótica calle western llena de tiendecitas  de comida y suvenires, hostales, cafés, restaurantes hace difícil la orientación. Cometo el error de preguntar el sitio y como la mayoría de veces en China, te indican de forma muy convencida un camino que suele ser erróneo. Menos mal que yo desconfío por naturaleza de las indicaciones que me dan. Será que de adolescentes no decíamos con las amigas, aquello de “siga todo recto, no hay pérdida!” nos preguntaran la dirección que nos preguntaran.

El hostal es fabuloso. Tiene vistas a las montañas y está a sólo unos minutos del pueblo. Nada malo considerando que sólo venimos a disfrutar de la naturaleza.

Descansamos un par de horas en el hostal. He quedado con Dennis, nuestro amigo de Mongolia, para cenar. Él ha estado haciendo ruta por China y nos íbamos diciendo dónde estábamos para ver si coincidíamos. ¡Hoy él también llega a Yangshuo! No le he dicho nada a M, quiero que sea una sorpresa. Pero tengo un pequeño problema: se me da muy mal mentir y he de hacer que M baje conmigo a cenar al pueblo. Espero que no llueva otra vez, o amenace con hacerlo, porque si eso pasa, no habrá manera de que venga a las buenas, tendré que arrastrarla por los pelos todo el trayecto.

Al final, lo hago venir de una forma bien natural y accede, sin grandes esfuerzos, a caminar hasta el pueblo.  Cuando sólo llevamos unos metros de camino, vemos venir en el sentido contrario a otra vieja amiga: Sarah.  M tampoco puede creerse lo que le digo, mientras la señalo a los lejos. Le falla un poco la vista y le ha costado reconocer la silueta que viene, mochila a cuestas por el mismo camino que bajamos. Está claro que las tres nos alegramos de volver a vernos. Cuando viajas has de decir muchas veces adiós, pero hay otras en las que te vuelves a encontrar con gente que creías haber perdido ya para siempre. Le digo como puedo a Sarah cuáles son nuestros planes y le pregunto si quiere añadirse a nosotras. Accede a acompañarnos en la cena y cómo vamos con tiempo, la acompañamos de vuelta al hostal a que deje la maleta para bajar, así, las tres juntas.

He quedado con Dennis y una amiga suya en el Bank of China de la calle principal. No nos cuesta mucho llegar, pero entre que hemos llegado unos minutos antes y ellos llegan algo después, me cuesta engañar a M de los motivos que hacen que estemos allí casi paradas. M se queda parada cuando lo ve pasar, pero ellos no nos han visto, así que he de ir detrás suyo para llamar su atención.  El reencuentro es extraño pero cariñoso por ambas partes. Es genial vernos casi un mes después de nuestro viaje por el Gobi.

Nos van a llevar a comer la especialidad de la zona: el pescado cocinado en cerveza. Pedimos algunos platos más para acompañar a la especialidad. La verdad es que el pescado está muy bueno. No esperaba nada bueno de volver a comer pescado en China.

Cenamos entre anécdotas, unas nuevas y otras viejas, pensamientos e impresiones, la escritura también tiene una buena parte ya que todos escribimos sobre nuestros viajes, (la amiga de Dennis tiene publicados ya dos libros), y las experiencias de todos nosotros en China.

La cena y la noche se acaban, y después de volver a decirnos “hasta luego” nosotras tres enfilamos el camino de vuelta a nuestro hostal. Ha sido fantástico poder compartir estos momentos con Dennis, Sarah y la amiga de Dennis.  Un día genial con gente genial, ¿qué más podemos pedir?