Día 103: Hakuna matata.

No ha parado de llover en toda la mañana. Las lluvias torrenciales han hecho aparición justo después de desayunar y se han alargado hasta después de la hora de comer. Hemos hecho el chek out lo más tarde posible, a las 12, así que después matamos el tiempo en la sala común. Hace calor, y aunque intento que todos los ventiladores que tienen, apunten en nuestra dirección, no consigo eliminarlo del todo. Aún con tamaño inconveniente, me pego un par de buenas cabezadas en el cómodo sofá de la sala.

Sarah se ha tomado hoy un día relajado. Lleva días de gran esfuerzo físico entre caminatas y bicicletadas , así que ha escogido el día perfecto para quedarse de relax total. Está en la sala de al lado, al ordenador.

Comemos juntas, exprimiendo, ahora sí, los últimos minutos de conversación con nuestra nueva amiga. Creo que no he comentado que ella habla algo de español, con lo que las conversaciones son, para regocijo de M, a tres bandas.

Esta mañana he encontrado una diminuta ranita casi transparente, en la sala común, con la que he estado jugando un buen rato. Hablamos de ello con Sarah y como no tenemos nada más que hacer, voy a ver si la vuelvo a encontrar. Veo una manchita en la cortina que da al jardín, así que supongo que es mi pequeña amiga. Pasamos un buen rato haciéndole fotos. Se queda bastante quieta en la punta de mi dedo, aunque cuando le acercamos demasiado la cámara en algunas de las ocasiones, huye saltando.

Hacía las 4 de la tarde pedimos el taxi para ir a la estación de autobuses. Nos han dicho que los autobuses exprés hacia Guilin salen cada 20 minutos y el trayecto son unas dos horas. Nuestro tren hacia Senzhen no sale hasta las 21.30h, pero ya que ha llovido más de medio día entero, mejor no tentar a la suerte.

Volvemos a entristecernos al  despedirnos de Sarah. ;(

Tenemos bastante suerte, ya que al llegar a la estación de autobuses, sólo tenemos que esperar 2 escasos minutos hasta la salida de nuestro autobús. Lleva a/c y menos mal, porque yo ya vuelvo a estar chorreando.

La estación de autobuses de Guilin está bastante cerca de la de tren, pero aún así el corto trayecto me vuelve a traer sudores. Llevo la mochila de casi 20 kilos a la espalda y la maleta de M, con otros tantos kilos, en la mano. Ella carga con el ordenador (que tampoco es poco). La amenaza de lluvia y el bullicio de las calles, hacen que aceleremos el paso, deseosas de llegar a nuestro destino.

En Guilin hay una sala de espera específica para aquellos que hemos comprado Soft Sleeper (segunda clase). Nos acompaña hasta allí uno de los revisores que hay en la puerta de la estación, y nos deja bien aparcadas. El staff de la sala nos mira los billetes. Llaman para cada tren y sabe que no entendemos gran cosa de lo que vociferen por el altavoz. Se ocuparán que no nos equivoquemos.

La sala tiene el aire acondicionado a tope, pero yo tardo casi bien una hora en recuperar la temperatura normal de mi cuerpo. Me escapo a comprar unos noodles instantáneos y algo para desayunar. Le he pedido a la dependienta que me ayude a escoger alguno que no sea picante. Tienen muchísimos diferentes. Está será con casi toda seguridad, nuestra última cena con noodles y queremos probar alguno diferente.

De vuelta a la estación y en una esquina de la sala de espera, un señor ronca a pierna suelta. Hace un ruido bestial y rezo, literalmente, rezo, para que no nos toque en el mismo compartimento semejante oso cavernario. No sé si funcionarán mis plegarias porque yo no he llegado a aprenderme el padre nuestro con los cambios que le hicieron, y eso seguro que cuenta como punto negativo.

A mi lado viene a sentarse una familia con dos niños, un niño y una niña. La niña, que debe tener unos 5 años, me mira embobada con ojos bien abiertos. La descubro vigilando mis movimientos mientras hace burbujas con su saliva. Me la quedo mirando sin saber qué decir, justo cuando le acaba de estallar una burbuja. En ese momento abre su boca y dice “Hakuna Matata“. Me quedó estupefacta sin saber qué contestarle. De hecho, creo que mi mente me ha jugado una mala pasada con el idioma chino. Pero la niña debe haber leído mi cara de sorpresa, y casi como si quisiera confirmar mis sospechas,  repite lentamente “HA-KU-NA-MA-TA-TA”. Me sonrío divertida ante semejante consejo: “no te angusties”. En ese momento casi como si se tratará de una aparición, la familia se levanta de golpe y se van hacía las vías. Sigo el consejo y dejo de angustiarme por la posibilidad de compartir espacio con el roncador.

Cuando llega el momento oportuno nos movemos. El tren tiene también una buena temperatura. Mientras me acerco a nuestro vagón, el 12, veo con absoluta alegría que el roncador ha ocupado un sitio en el vagón contiguo. Gracias.

Antes de que el tren salga de la estación, M y yo ya nos hemos preparado los noodles. La desgraciada de la tienda me los ha vendido picantes, y eso que me ha asegurado que no lo eran.  Si no hubiera confiado en ella, me habría dado cuenta del dibujito de la guindilla que había en la caja. De hecho, me he aficionado un poco al picante.  M también. Pero no queríamos castigar a nuestros estómagos de forma innecesaria antes de ir a dormir.

De cualquier modo, estamos cansadas y acabamos durmiendo en lo que será, nuestra mejor noche, con diferencia, en un tren. La última noche en tren de este viaje.

  • Timón: Hakuna matata, vive y deja vivir…
  • Pumba: Hakuna matata, ¡vive y sé feliz!
  • TimónNingún problema debe hacerte sufrir.
  • Timón y Pumba¡Lo más fácil es saber decir…!
  • Timón“Hakuna Matata” Cuando era muy pequeñín…
  • Pumba¡Cuando era muy pequeñín…!
  • Timón: Muy bonito.
  • Pumba: Gracias.
  • TimónNotó que su aliento no le olía muy bien. ¡Los demás deseaban alejarse de él!
  • PumbaHay un alma sensible en mi gruesa piel. Me dolió no tener un amigo fiel. ¡Qué gran dolor!
  • Timón: ¡Qué mal dolor!
  • Pumba: ¡Y un gran deshonor!
  • Timón: ¿¡Qué más da el dolor!?
  • Pumba: Y me deprimía.
  • Timón: ¡Vaya que sí!
  • Pumba: Cada vez que…
  • Timón: Pumba, que hay niños delante.
  • Pumba: Ah, lo siento.
  • Timón y PumbaHakuna matata, qué bonito es vivir. Hakuna matata, vive y sé feliz.
  • SimbaNingún problema debe hacerte sufrir.
  • Timón: ¡Sí, canta pequeño!
  • Simba y TimónLo más fácil es…
  • Pumba…saber decir…
  • Simba, Timón y Pumba…”Hakuna Matata”. (Hakuna Matata, Hakuna Matata, Hakuna Matata, Hakuna…)
  • SimbaNingún problema debe hacerte sufrir.
  • Simba, Timón y PumbaLo más fácil es saber decir “Hakuna Matata”…