Día 105: Lantau y Tai O

Por primera vez hoy hemos sido conscientes, al levantarnos, que esto se nos acaba. Quedan apenas 4 días para que nuestro vuelo salga con destino Barcelona. No paramos de decírnoslo en voz alta la una a la otra, contentas, por un lado, de ver a los nuestros y regresar a nuestra ciudad y tristes, por el otro, porque se acaba esta bonita experiencia.

Hoy vamos a hacer una de las visitas típicas que ofrece la ciudad. Vamos a la Isla de Lantau a ver el Gran Buda que hay en el pico. Así que después de otro copioso, pero nunca excesivo desayuno, cogemos el metro hasta la estación de Tung Chung, desde dónde cogeremos el teleférico.

¡Vaya mala pata! hoy lo tienen cerrado por mantenimiento, así que optamos por la opción de llegar en autobús. Por 35 HKD tenemos un tique válido para todo el día, que no sólo nos llevará hasta el Gran Buda sino que también usaremos para acercarnos al pueblo de Tian O, otra visita que había planeado por si nos veíamos con fuerza.

El trayecto hasta los pies del Gran Buda es de unos 90 minutos. Desde la base del mismo hay que subir un tramo de escaleras con una inclinación bastante pronunciada, aunque como somos del primer turno de turistas, hay espacio suficiente para parase a descansar todas las veces que nos es necesario. M ya se ha achinado mucho y lleva desde hace días el paraguas a modo de sombrilla.

Una vez arriba no nos encandilamos demasiado. Desde arriba vemos como la neblina se apodera de parte de la montaña.

Una vez abajo, no me es fácil convencer a M para recorrer el Camino de la sabiduría que queda a un lado. Atraviesa parte del parque que envuelve a la zona y llega hasta un fantástico mirador. Lo recorremos en la más absoluta soledad aunque no llegamos a completarlo. La niebla es densa y no se ve un carajo, así que llegamos a la zona más lejana que la claridad del día nos permite. Allí encontramos un señor sentado y pidiéndonos que no nos alejemos mucho más de dónde nos hemos parado. M no las tiene todas, así que le viene bien el consejo que nos dan para hacerme desistir de continuar el camino.

De regreso a la zona más turística, visitamos el Monasterio de Po Lin , famoso por su comida vegetariana. Está todo en obras por lo que no podemos ver ni un ápice de su fachada. Nosotras no comeremos allí porque vamos a aprovechar el día para visitar el pueblo de Tai O. El pueblo conserva su estilo tradicional de villa de pescadores y dicen que allí pueden avistarse  delfines rosa.

Volvemos a la estación de autobuses para proseguir el trayecto. Tenemos mucha suerte puesto que justo alcanzamos el autobús a dos minutos de su salida. Nos recuperamos del calor en los 30 minutos escasos de recorrido que tenemos.

Ya en Tian O, paseamos por sus calles. Los habitantes vives en casas hechas de piezas de metal o pintadas de un color plata. Tienen parte de su planta en el mar, con lo que cuando caminas por las calles tienes la sensación de estar en un callejón trasero. La vida está en los canales por los que el mar entra en el pueblo, así que, para disfrutarlo, acabamos en una barca haciendo un recorrido turístico por la zona. El barquero aprovecha el viaje para recoger cestas de mejillones que tiene sumergidas en varios puntos. Vemos varias cosas curiosas: están rodando una película en una de las casas, tienen pinta de estar preparando una persecución por los canales o , si bien no, escenas en ellos, porque todas las cámaras apuntan al agua; vemos a varios habitantes recogiendo capturas desde el balcón  casas y a otros tantos limpiando o poniendo a secar pescado.

Una de las características del pueblo es su intenso olor a pescado crudo. Las calles están llenas de tiendas que tienen toda clase de marisco y pescado seco a la venta. Lo poco fresco que vemos está en las peceras que tienen los restaurantes en su puerta principal. Son peces que acabaran pescados en alguno de los platos de los clientes

Mucha gente ha venido a comer hasta aquí Pero yo no soporto ese olor que acaba pegándose a mis fosas nasales y le quita mérito a la singularidad de este pueblo. Así que una vez lo hemos recorrido a pié y en barca, le suplico a M que regresemos por dónde hemos venido.

Nuevamente desde la estación de autobuses cogemos el que nos volverá a nuestro primer punto de partida. Llegamos al centro comercial de Tung Chung a tiempo para una, más que tardía, comida. Curioseamos por algunas tiendas que están repletas de gente porque es época de rebajas, pero como va siendo habitual, no compramos nada.

A la vuelta a Kowloon, paseamos por el paseo de las estrellas. A la mayoría de estrellas no las conocemos en occidente. Las dos de los más famosos: Jackie Chan y Bruce Lee, quedan al final de nuestro recorrido. Se reconocen porque son, también, los puntos más concurridos. Sufrimos bastante, porque aunque es ya bien entrada la tarde, el sol pega muy muy fuerte, así que acabamos refugiándonos en la primera cafetería que encontramos que tiene a/c hasta que baja mucho más el sol.

El día ha sido largo, así que volvemos al hostal agotadas. Hemos comprado algo para la cena, porque no nos apetece ni si quiera ir a la búsqueda y captura de algo para pasar el trámite. Como siempre, la escritura agota mis últimos minutos despierta.

A las tres de la mañana un grupo de chinos ha hecho entrada en el hostal. La desagradable guía ha gritado todo lo que tenía que gritar delante de nuestra habitación y yo he acabado sacando la cabeza para pedir un silencio, que han tenido a mal no guardar. Me he cagado en ellos, pero eso a parte de no darme tranquilidad espiritual, no ha hecho que consiguiera dormirme. He acabado leyendo hasta bien entradas las 6 de la mañana y me cagüentoloquesemenea que mañana, casi con total seguridad, me acordaré de la guía y toda su familia.