Día 42: Tsárskoye Seló

Aunque ayer no conseguí dormirme hasta cerca de las 2 de la mañana, hoy madrugamos. Toca excursión a las afueras de la ciudad. Inicialmente habíamos pensado en ir a visitar el Palacio de Peterhof, no sólo nos lo había recomendado amigos que han estado aquí sino gente que es de la ciudad me habían dicho que de escoger un único destino de tour a las afueras debía ser este.

Teníamos pensado ir en metro y volver en metro (estación Avtovo) + autobús (autobuses 224+300+424+424A), pero nos han comentado en el abergue que las fuentes no están en funcionamiento y que el parque está desangelado. La verdad es que este palacio cuenta con los jardines como su gran atractivo y por tanto…rememorandola frustración que sentí en mi día en Versalles.…decidimos cambiar de destino y visitar el palacio de Tsárkoye Seló.

La combinación que has de coger si decides hacer la excursión por libre es: Metro hasta Moskovskaya y luego coger los mini buses que salen detrás de la estatura de Lenin (sí aquella en la que parece estar llamando a un taxi) , los números de los buses son 286,287,299 342, 342a, 545, 545a. El metro son 28 rublos por viaje y el bus 35 rublos.

Tardamos unos35 minutos en recorrer los kilómetros que nos separan de Pushkin. No sabemos dónde hemos de bajar exactamente, así que pongo en práctica la táctica que ya me ha servido en otros viajes. Enseñas una foto desde tu móvil, guía o lo que lleves escrito (en ruso)  a cualquier viajero del autobús (escoge preferiblemente una mujer porque tendrás más posibilidades de que te ayude). Al final a nosotras es un grupito de pasajeros quienes acaban ayudándonos y marcándonos el trayecto que debemos hacer una vez bajamos del autobús.

Como curiosidad para la comunidad española es en este complejo en dónde alojaron a los llamados niños de la guerra. De todo el complejo el Palacio de Catalina es el que llama más la atención (360 rublos). Al igual que su primo lejano francés, el Palacio de Versalles, fue construido incialmente como residencia de Verano. Derruido, reconstruido y reformado desde su construcción hasta lo que es ahora.

La visita tiene como curiosidad que te hacen calzar con unos forros para los zapatos..supongo que así mientras visitamos pulimos su maravilloso parquet. Del palacio destacan para mi los papeles de las papeles. Bien, más que papeles son telas bordadas estupendamente. La sala de los espejos no es tan espectacular como la francesa, pero no está nada mal.

Lo tienen bien cuidado y aunque es raro vernos a todos con aquello en los pies, la visita es agradable.

A la salida, en el jardín  comemos los estupendos bocadillos de tortilla francesa con jamón que nos hemos preparado en el hostal a modo de picnic.  Los jardines del Palacio son enormes y llenos de edificios secundarios.

Dentro del complejo también puede visitarse el Palacio de Alejandro y aunque hemos dudado en si visitarlo o no, acabamos decidiendo volver a la ciudad. A la hora de coger el mini bus de vuelta coincidimos con una familia de españoles que acaban de venir de Moscú y de hacer un trocito del transiberiano. Una vez en San Petersburgo incluso coincidimos en un trayecto del metro. M  y la madre de la expedición madrileña intercambian opiniones sobre el país y sus habitantes. Opiniones que quedan en la intimidad de la que opina y de la que escribe, una servidora 🙂

Aprovechando que ya estamos en el Metro, bajamos en el Monasterio de Alejandro-Nevski al final de la Avenida Nevski, principal arteria comercial de la ciudad. La entrada al Monasterio sólo es onerosa para los turistas, 160 rublos a modo de donación.  Dentro está todo andamiado y por tanto no podemos apreciar la arquitectura de las iglesias barrocas que allí están  La mala pata hace que además entremos a ella justo cuando están realizando el servicio religioso con lo que tampoco podemos pasearnos demasiado. En el patio interior un pequeño huerto y otro pequeño cementerio completan el paisaje a visitar.

Antes de entrar y/o después de salir puede visitarse los cementerios de Lázarev y Tijvin como parte del Museo de Estatuas Urbanas de la ciudad. La entrada combinada para los diferentes recintos son 120 rublos y justo en la fachada del recinto verás coloreadas de color naranja cuáles son las zonas que lo conformen. Nosotras visitamos sólo un par de zonas y vemos, entre otras,  las tumbas de Chaikovski y Dostoyevski.

Salimos por donde hemos entrado: por la puerta. Hemos decidido hacer caminando los más de 4 kilómetros que conforman la calle Nevski. Queremos ver lo que se cuece y si podemos localizar una tienda de fotografía  mi cargador de baterías parece que no acaba de funcionar bien y de ahí que no tenga nunca las baterías a tono cuando las necesito.

Por el camino visitamos la Catedral de Nuestra Señora de Feodorovskaya, la Iglesia de Santa Catarina que tiene depositada la tumba del último Rey de Polonia. Es fácil reconocerla. En su puerta se apelotonan artistas vendiendo litografías y obras originales.

La lluvia viene a nuestro paso a la altura de la catedral de Kazán, así que después del cansancio acumulado, acabamos regresando al albergue.

Yo me paso unas buenas horas revisando el itinerario de Rusia. Hago algunos cambios y eso significa anular reservar de hotel, billetes de tren y hacer nuevas reservas y comprar nuevos billetes. Acabo muerta, como si me hubiera pasado un trailer entero por encima.

¡¡Ah!!! he conseguido un cargador nuevo para la cámara.