Día 67: Zanganeando en la capital de los nómadas

Hoy no hemos planificado absolutamente nada. Estamos en la capital de Mongolia casi dos semanas. Lo suficiente como para hacer un par de excursiones y para dejarme tiempo para preparar nuestro mes en China. Lo segundo lo llevo coleando desde hace muchas semanas pero aún no he conseguido concretar los horarios de trenes y definido la ruta.  Además he de descansar por el tobillo. Lo tengo inflamado y aún no sé qué pasará con él.

A la hora del desayuno conocemos a un americano de origen colombiano, llamado Francisco, o era Fernando…o Federico. Bueno en cualquier caso empezaba seguro por F.

Charlamos un poco sobre lo que nos ha traído a la ciudad. Él viene de China, pero ha hecho un viaje de esos de super lujo (225 USD/día) y está sufriendo un shock con la ciudad mongola.  Se nos añade a la conversación un chico de Singapur, estudiante de matemáticas e historia. Ambos se van de excursión al Parque Nacional de Gorkhi-Terelj en unos minutos, así que no tenemos mucho tiempo para alargar la conversación.

Puede que parezca extraño, pero después de desayunar nos hemos vuelto a ir a desayunar 😛 . No nos importa que nos llaméis gordas, con 67 días de viaje está claro que algo debemos haber perdido y recuperar algo no nos hace daño. Ayer vi una cafetería con muy buena pinta y el desayuno del hostal es un poco escaso para mis estándares. En el Sacher Café tienen repostería alemana y austriaca y aunque es un poco caro, nos damos el capricho puesto que tienen wifi y en el hostal va un poco mal. Así que la aprovecho y subo algunas entradas y fotos al blog 🙂

Después del receso caminamos sin rumbo fijo por las calles de la ciudad. Cruzar la calle es siempre una experiencia aterradora porque el rojo y el verde son unos colores que están en el arco iris, pero parece que no tienen significado alguno cuando están en los semáforos que adornan los cruces de las calles. Nos cruzamos con un señor trajeado que nos advierte de los carteristas en la zona. Le agradecemos el aviso, aunque le respondemos que ya nos lo han advertido.

Volvemos a la plaza Sukhbaatar y nos sentamos a observar a turistas y lugareños bajo el sol. Las temperaturas han subido mucho. La media durante el día es de 25 grados, aunque por la noche suelen bajar hasta alcanzar incluso los cero grados.

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Comemos en un restaurante mongol-coreano. La verdad es que volvemos a comer de fábula y ya hacía muchos días que no nos dábamos semejantes festines, así que hacerlo dos días seguidos nos ha agrandado con seguridad el estómago.

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Volvemos al hostal. Yo me voy al edificio principal, puesto que nuestro alojamiento está en un edificio anexo, a ver si la wi-fi tiene mayor potencia. Me dedico durante unas horas a mirar combinaciones de trenes en china. ¡Que nadie piense que organizar un viaje de tres meses no lleva su tiempo! Además cuando tengo algo mirado, lo miro y remiro para cambiarlo en el último momento.

Como estoy cerca de la puerta, me levanto varias veces a abrir a los diferentes huéspedes. En una de las ocasiones abro a uno de los compañeros que tuvimos en San Petersburgo ya hace casi un mes. Enseguida nos reconocemos. Viene de un viaje de 4 días por libre y no viene muy entusiasmado, puesto que por lo que me comenta ha ido por libre, sin una guía ni nada. Por tanto,  ha ido un poco perdido. No conversamos mucho, porque él me reclama tiempo para tomarse una ducha urgente.

A mi lado, entretanto, se han sentado un canadiense, un alemán y un sueco. Llevan un año en Hong Kong estudiando marketing y se han dado unas pequeñas vacaciones. Ellos han venido recientemente de la excursión de 7 días al Gobi que nosotras queremos hacer y me la recomiendan encarecidamente.

He pasado un buen rato pegada a la pantalla del ordenador en el mundo de los trenes y las rutas. Mis ojos están cansados, así que vuelvo a mi habitación a  leer un rato. Me queda poquito para acabar un libro más en este viaje.