Día 76. Tsagaan Suvarga. La montaña Blanca.

Nos despiertan 1 hora antes de lo habíamos acordado. Normalmente estamos despiertos mucho tiempo antes, pero llevamos unas cuantas noches en las que las tormentas y el frío no nos han dejado descansar. Está claro, además, que el cansancio de un viaje tan complicado está haciendo mella en nosotros.

La visita del día la hacemos a primera hora de la mañana. La montaña Blanca dentro del Parque Natural de Tsagaan Suvarga está a solo 15 minutos de donde nos alojábamos.

Las vistas vuelven a ser muy espectaculares. Parece mentira que en el corto intervalo de unos días hayamos visto paisajes tan diferente unos de otros. En esta ocasión se trata de una formación montañosa de colores blancos y rosáceos. Como siempre hacemos muchas fotos, aunque como vemos el fin del viaje las de grupo son las más abundantes. Nuestro conductor nos acompaña y anima a hacer las fotos de lo que considera que es el encuadre más bello.

De vuelta a la furgoneta, la mayoría continúan el sueño que les han interrumpido esta mañana. Yo leo porque ya no me queda mucho para acabar el libro.  Hoy hace mucho calor y todos estamos más callados de lo que es habitual.

La insulsa estepa de hoy que tenemos como paisaje hace que nos fijemos más en el cielo. En él vemos caer lo que nos parecen fragmentos de meteoritos. A medida que caen les vemos dejar estelas mucho menos potentes y creemos que es porque los fragmentos se  van desintegrando.  Vemos varios y por trayectoria y velocidad no parece que sea ninguna otra cosa que nosotros conozcamos.

La comida de hoy nos sorprende a todos. Es ¡sushi!. Obviamente no es un sushi japonés, pero igualmente no todo el mundo puede decir que ha comido semejante manjar en medio de un desierto, ¿no?

Como viene siendo habitual nos perdemos y hemos de preguntar varias veces. Además, pasamos por un pueblo a recargar agua y gasolina y llegamos a nuestro gerd un poco más tarde de lo habitual (19h)

Dentro de la cabaña hoy no sólo nos han dejado un par de velas sino que volveremos a tener combustible para la estufa. Esta vez son heces de vaca, mucho más grandes que las de camello, pero que queman igual de bien una vez se han secado. Nosotros no hacemos ascos a nada, porque sabemos que para la familia cualquiera de estas cosas es como un tesoro.

Cuando hemos llegado no estaba la familia dueña de la vivienda. Por ello,  Emma, Shimma y el conductor se han ido a otro gerd cercano a cocinarnos la cena y por tanto nos hemos quedado solos en la zona. Al poco de irse hemos visto acercarse una moto. Por la manera en la que su ocupante se comporta, es un vecino que viene a hablar con los propietarios o quizás alguien que necesita preguntar algo. Ha entrado al gerd, porque es el único indicio de vida que había, y se nos ha sentado en una cama. Nosotros solo hemos podido mirarle y sonreír, porque aunque ha intentado hablar con nosotros, ni si quiera hemos sido capaces de decirle que no le entendíamos. Al poco ha comprendido que nos sacaría nada claro de nosotros y se ha ido con la moto a la misma cabaña dónde nos están cocinando.

Como hemos llegado ya tarde no tenemos mucho tiempo para nada después de la cena. Yo como siempre acabo cayendo redonda en cuanto me propongo dormir. Y la verdad es que hacía años que no me pasaba.