Día 78: Beauty day.

Hoy vuelve a ser un día de esos sin sustancia viajera, pero con pequeñas cosas que nos son necesarias. Denis se marcha esta mañana con su amigo. Se va hoy y necesita su ayuda para comprar el billete de tren. La mafia que opera en Mongolia para la compra de billetes es grande. Es difícil hacerse con un billete hacia Beijing por su cuenta. Desde la estación facilitan el trabajo a las agencias y hostales que es dónde ganan gran parte de sus sustento.

Así que, muy a primera hora, me despido de Denis porque aunque ha prometido que volverá esta tarde a por su mochila y a despedirse de nosotras, se le ve que le gustan mucho menos que a mí las despedidas. Así que por si acaso, me ha dicho que me despida en su nombre de M.

Hemos pedido que nos recomienden una peluquería para cortarnos las melenas. 7 días sin ducha en el desierto y dos meses y medio de viaje, nos han hecho ver que hay necesidad de arreglar un poquito esa maraña de pelo que nos cubre el cerebro. Queríamos hacerlo en Beijing, pero la verdad es que los precios de la capital mongola son muy buenos y la gran presencia de Coreanos en la ciudad nos hace pensar que serán buenos profesionales.

El local que nos han recomendado está cerrado a cal y canto, así que nos aventuramos en la calle principal y subimos las escaleras del local que nos da mejor espina. En poco más de 20 minutos salimos las dos con lo que consideramos un buen corte de pelo. Nos hemos entendido bien con 4 gestos. A mí me han sentado y enseguida me han dado una revista de estilismo para que escogiera peinado. Me ha sido fácil dejarlo de lado y decirle que simplemente quería lo mismo, pero algo más corto.

Hoy comemos nuevamente en un local de comida mongola. Esta vez está en los mismos bajos de nuestro hostal. En la mesa de al lado un niño intenta comer su pancake con unos dientes de plástico que simulan los de Drácula. Lo intenta varias veces, aunque al final ha de desistir de sus intenciones, porque no sólo no consigue comer, sino que  acaban cayéndosele al suelo, con la consiguiente regañina de la madre.

La tarde la paso mirando las fotos del viaje. La mitad del staff ha acabado mirándolas conmigo por encima de mi espalda. La hija de Emma es la niña que correteaba el otro día del hostal. A ella la he obligado a sentarse a mi lado, ya que su altura le impedía ver nada desde detrás del sofá. Emma se ríe con algunas de las fotos porque está claro que le trae algunos momentos y las comenta con el resto de compañeras.

Sobre las 18h vuelve Denis. Me propone una cena temprana antes de que él vaya a la estación. Es un poco pronto para la hora española, pero M  y yo aprovechamos su compañía en el mismo restaurante en el que hemos comido. Llegada la hora le acompaño a coger un taxi. Quizás nos encontremos en China, el va sin rumbo y ha anotado bien nuestra ruta prevista, por si puede hacer coincidir algún destino.

A la vuelta remprendo mi trabajo en la sala común. Con el paso de las horas, se ha llenado con nuevos viajeros. Ayudo a un par de franceses a decidir parte de su viaje por China y les busco conexiones de trenes de China. Ya que me ven puesta con China, un chaval de Hong Kong también me pide ayuda con el tren que ha de coger. Acabamos hablando hasta bastante tarde. Yo estoy subiendo, entretanto, todas las fotos de la excursión al Gobi al blog y me lleva mucho tiempo.