Día 84: UIBE.

Hoy la entrada es corta. Las actividades que he realizado hoy, aunque han ido de gran interés personal para mi, tienen poco detalle que compartir con vosotros.

He quedado con Cristina en la puerta este de la universidad UIBE, en Beijing. Es la Universidad en la que el curso que viene estudiaré Chino  mandarín durante al menos un año académico y he quedado con los actuales becarios para que me enseñen el campus y los pisos de estudiante. Es curioso porque uno de los becarios me ha dicho conocerme de algo. La verdad es que me suena algo, pero como no le recoloco en ningún ámbito  de los más habituales, acabo haciendo aquello que hacemos todos en estos casos: recitándole en 5 minutos mi vida resumida, a ver si él puede decirme si coincidimos en algo. Mi vida, y la de mi hermana, claro, que eso de tener una hermana gemela tiene su trabajo extra.

He comido con ellos en la cantina de la Universidad. Luego hemos ido a uno de los pisos igual al que yo ocuparé el año que viene y me han invitado a un café.

Dios sabe que he intentado asimilar toooda la información que me han dado, pero sólo él sabe también qué recordaré el 27 de agosto de 2013 cuando aterrice, nuevamente, en el aeropuerto de Beijing.

He pasado muchas horas charlando con ellos, mientras M me esperaba en el hostal. Antes de llegar, he tenido la sabia decisión de pasar a comprarle un helado. Sé que estará que se sube por las paredes por mi tardanza. Ahora ya os adelanto que el soborno tendrá un buen efecto cuando hago mi entrada en la habitación.

Una de las cosas que me he podido comprobar con los chicos en UIBE, es que los precios han cambiado mucho desde que yo estuve la otra vez. Les he comentado que mañana vamos a la gran muralla y que en el hostal me piden 350 yuanes por persona, un precio que yo encuentro absolutamente excesivo. Me dicen que será difícil que negocie algo por debajo de eso y que es barato teniendo en cuenta que entra en el precio la comida y el ticket de entrada. Así que nada más llegar contrato el tour para el día siguiente.

Otra cosa que de la que me enterado hoy es que el martes es festivo. Ese día nosotras queríamos salir hacía Chengdu, el paraíso de los pandas. Así que preveo problemas en la compra de billetes. Hablo con la chica del hostal para ver si puede conseguírmelos ya, pero está todo vendido para el día que yo quiero, el de antes y el de después. No tengo más remedio que comprar un billete de avión porque aunque sé que hay autobús cama, no tengo la seguridad tampoco de no tener problema para conseguirlos. Además de que no me produce  ninguna seguridad viajar por carretera tantas horas. Conseguido el billete de avión a un precio irrisorio, reservo las noches en Chengdu y hago los arreglos para que nos vengan a buscar al aeropuerto ya que llegamos tocada la media noche al destino.

Se me ha ido el día entre unas cosas y otras. Yo quería llevar a M a cenar pato laqueado pero le da pereza coger el metro tan tarde. Acabamos comiendo en un restaurantito de la zona por muy poco dinero. Una clienta china me ha ayudado a elegir platos. Ha reconocido que somos españolas porque estuvo a inicios de este año viajando por nuestro país. Me confiesa que para su jubilación quiere comprarse una casita en Valencia y que adora a Gaudí.

Regresamos al hostal. Yo vuelvo a quedarme escribiendo, aunque hoy la señal se pierde de forma continua y acabo cansándome de ello.

Y ¡Eureka! por fin se me enciende la luz y recuerdo de que conozco al chico de UIBE. En mi anterior estancia en China me alojé en su casa, en una excursión que hicimos con los compañeros de piso a Hangzhou. Le escribo un e-mail con la respuesta a la incógnita levantada hoy. El mundo es un pañuelo y muchas veces nos negamos a reconocerlo.