Día 88: Los famosos guerreros de terracota.

Venir a Xi’an y no ver los guerreros más famosos del lugar no tiene perdón. Las excursiones organizadas son fáciles pero sale mucho más económico hacer la excursión por nuestra cuenta. Por suerte ya la he hecho una vez y recuerdo perfectamente cómo proceder.

Te presentas en la estación de tren (la del sur), justo delante de la puerta norte. En nuestro caso cogemos por 1 yuan el autobús público para llegar. Encaradas a la estación caminamos hacia el este de la misma, sorteando a miles de chinos que campan en la plaza a la espera de la salida de su tren o de un grupo de turistas que les contrate. Allí al lado hay mini-buses y autobuses que te llevan directamente a los terracotas. Los autobuses grande son ligeramente más caros (7 yuanes por trayecto) pero por contra salen uno tras otro y llevan aire acondicionado. El trayecto hasta el museo de los guerreros son cerca de 2 horas, aunque es algo menos si no se hicieran miles de paradas para recoger y dejar viajeros durante el recorrido. Al final del trayecto quedan sólo 6 asientos ocupados. Por el camino, he podido comprobar cómo ha cambiado esta ciudad. Las afueras no tienen nada que ver con las que vi hace tres años. ¡Es como si hubieran construido una ciudad nueva completamente!: pasamos edificios modernos, plazas llenas de flores, monumentales estatuas,… la mayoría de viajeros bajan en las diversas universidades que pasamos en nuestro recorrido.

Los autobuses dejan en el parking del complejo, desde allí caminamos 5 minutos bajo un sol de justicia hasta las taquillas. Son 150 yuanes la entrada. Es una de las atracciones más caras de China.

Dentro pueden visitarse las tres naves (1, 2, 3). La nave 1 es la primera que se descubrió y la más espectacular. En una esquina de la misma, está el “hospital” de guerreros. Dónde ensamblan las diferentes piezas de terracota.

Una vez vista la nave uno, las siguientes no se muestran tan espectaculares. En la 3 tienen urnas con algunas de las piezas mejor conservada. Allí es donde tienen al famoso arquero arrodillado que puede verse en todas las tiendecitas. En mi primera visita estas esculturas estaban en el museo, que es el último edificio que visitaremos. El museo está completamente renovado desde que yo vine. Por desgracia he echado en falta una cosa. Uno de los gigantes guerreros de terracota que se mostraron en la ceremonia inaugural de los juegos Olímpicos de Beijing estaba expuesto en el Hall del Museo la otra vez que lo visité.  Los hicieron a imagen y semejanza de los guerreros y simulaban marionetas. Estaban inspirados en las marionetas que tuvimos en los juegos Olímpicos de Barcelona 92, y la verdad es que éste era una buen lugar para exponer uno de los ejemplares. Por contra, el museo tiene algunas piezas nuevas sobre la arqueología de los guerreros, que no vi en mi primera visita.

A la salida, en la puerta, el campesino descubridor del primer guerrero firma ejemplares de libros que explican la historia de su descubrimiento y el por qué del ejercito para el más allá.

El regreso lo hacemos tal cual hemos venido. Por suerte hemos llegado y hemos sido las primeras en subir a uno de los autobuses. En 5 escasos minutos se han llenado el resto de huecos.

Ya en Xi’an, hacemos el recorrido inverso con el autobús local. Nos vamos al bar del hostal. Yo me quedo dormida en uno de los sillones. Creo que me ha picado una mosca tse-tse porque no pararía de dormir.

Cogemos un vuelo hacía Chengdu cerca las 23h. La festividad del Dragon Boat Festival nos ha supuesto un pequeño contratiempo, porque no quedaban billetes de tren de ninguna clase para viajar.

Se ha puesto a llover. Es una tormenta bestial de esas de truenos y relámpagos. Por suerte, cuando esto sucede, estamos ya en el hostal y no hemos pensado en ir al aeropuerto de otra manera que no fuera taxi.

El coche es cómodo. El conductor lleva música romántica china. Dada mi reciente afición en caer dormida en todas partes es un peligro para mí. Hago verdaderos esfuerzos por permanecer alerta. La caída del sol es espectacular entre las nubes que aún quedan de la tormenta. La autopista que lleva al aeropuerto no tiene más pobladores que un par de coches, el nuestro entre ellos.

Ya en el aeropuerto cenamos algo, aunque más por cumplir que por tener hambre.

El vuelo es un suspiro de hora y cuarto. Tan acostumbradas estamos a los desplazamientos largos que no nos hemos ni enterado.

Mientras vamos a recoger nuestras mochilas veo que el reloj marca las 0:07. Me sonrío al pensar que es la hora de James Bond y que M comparte nombre con uno de los personajes de su universo.

En Chengdu nos espera un coche del hostal. Una vez allí nos dicen que no tenemos la habitación preparada. Tal vez sea mi cansancio, tal vez sea el inglés justito del chico del hostal, pero no entiendo ni papa de las razones que me da para meternos en un dormitorio de 10 personas para esta noche.  En cualquier caso es casi la una de la mañana y poco podemos hacer. Consigo, eso si, que no nos cobre la noche de ninguna manera. Ni con descuento ni ostias. Me ha dado camas que están ocupadas…dos veces! En la habitación parece que sean las 5 de la tarde, la mitad están despiertos y conseguimos hablar con un Austriaco que habla español porqué vivió en Sevilla y enseguida nos ha detectado el lenguaje.

Yo duermo nuevamente como una piedra. ¿Tendré algo grave, doctor?