Día 89: Descubriendo Chengdu.

Hoy no nos hemos levantado excesivamente pronto. Ayer llegamos tarde y queremos darnos un día tranquilo. El calor nos acobarda, pero sobretodo a M que le tenía ya pánico extremo antes que nos adentráramos en sus dominio.

Lo primero que hacemos es solucionar el tema de la habitación. El staff de la mañana habla mucho mejor inglés y Cherry me ayuda a entender que lo que no funcionaba ayer era la electricidad de la habitación que nos tenían que dar. El hostal abrió hace sólo 5 meses y aún tienen pequeños fallos de este estilo. Queremos salir y quedo con ella que se encargaran de movernos el equipaje a la habitación correcta.  Mañana queremos hacer el tour de los osos pandas y ver el buda de Leshan, por desgracia hoy ya se nos ha pasado la hora y pasado mañana ya cogemos el tren hacia Kunming, así que con la ayuda de Cherry intentaremos formar un grupo mínimo de 6 personas para hacer un tour extra.

Ayer al hacer el chek-in nos dieron unos descuentos para usar la próxima vez que nos alojásemos, así que hoy los he usado. Así que al final entre la noche gratis y el descuento en las dos que nos quedan, nos ha salido muy bien el desaguisado del primer día.

Estamos muy cerca de la zona peatonal y comercial de la ciudad. Así que andamos por allí y nos mezclamos con los miles de millones de chinos que han salido a comprar en las rebajas. Por Dios cuánta tienda que hay por todas partes y en todas hay gente comprando. Nos sorprende sobretodo, que grandes marcas tengan varias de sus tiendas a sólo unos metros unas de otras, cual miguitas de pan marcando el camino de los compradores. La cantidad de centros comerciales en tan pocos metros cuadrados hace inexplicable que no exista una competencia feroz en cuanto a precios. Las tiendas más pequeñas tienen a jóvenes gritando en los megáfonos sus ofertas mientras levantan carteles que refuerzan sus cantos.

El calor de la ciudad es mayúsculo y M y yo vamos mendigando el aire acondicionado de cuántos centros comerciales se aparecen en nuestro camino. Al único sitio al que nos hemos propuesto llegar es a la plaza Tianfu, en dónde se erige una estatua de 30 metros de Mao Zedong en posición de saludo militar. Cuando llegamos estamos acaloradas por el sol y la verdad es que hemos andado bastantes horas.

Cogemos el metro, que se ve de reciente construcción. La verdad es que los metros en China son una gozada, sobre todo por los anchos andenes y pasillos.

A la vuelta aprovechamos para entrar a un mercado a comprar algunas cosillas dulces y luego a por un poco de fruta para comer.

Aprovechamos para hacernos una lavadora. Nos echamos unas risas con el ama de llaves y el manitas del hostal, ya que por nuestra altura, no llegamos a colgar la ropa de las vigas dónde hay que tenderlas. Nos acercan un banquito que se mueve demasiado en cuanto subimos. Al final un palo con un gancho al final me ayuda a dejar las perchas en el sitio. Además yo hablo un poco de chino con ellos, lo justito que sé, y me hablan del corrido como si pudiera entenderles. Enseguida he de pararles los pies y decirles la frase que mejor me sale “sólo hablo un poco de chino”.

Bajamos a la sala común del hostal. Hay mucha gente pero la mayoría está autista con su ordenador o ipad.

Sólo dos personas se han interesado por el tour combinado y tampoco han confirmado que lo vayan a hacer. Así que al final, haremos solo la visita del criadero de Osos pandas de Chengdu, que la verdad sea dicha, a mi es lo que más ilusión me hacía. Dejaré el buda de Leshan para otra visita a la zona.

Aprovechando que estamos en el centro comercial de la ciudad vamos a intentar localizar un sitio para cenar. La especialidad de la ciudad es el hotpot y aunque intento convencer a M de que comamos uno, el sólo hecho de pensar que va a tener una olla sacando vapor en la mesa, ya la hace sudar.

Acabamos escogiendo un restaurante Hongkones. Tan pronto como hacemos el amago de entrar, el chico que está en la puerta corre a llamar a una compañera. Ésta es una chica delgadita y con el pelo muy corto que enseguida me suelta una retahíla de la que sólo entiendo algunas palabras en inglés que juntas no tienen mucho sentido. Se lo hago repetir y me dice exactamente las mismas palabras en el mismo orden. Pese a no haber entendido ni un carajo de lo que me ha dicho le indico que vamos a entrar a cenar. Ella con ese inglés que a mi bien me parece hebreo, nos da la bienvenida y nosequémas dice.

Las traducciones del menú  al inglés, distan de ser seguro, traducciones reales, porque no tienen sentido alguno. Nosotras vamos a lo seguro y escogemos verduras con arroz y noodles. Cuando nos trae el pedido, la camarera me habla en ese inglés-hebreo que se ha construido aunque entiendo que me dice que ante cualquier problema la llamemos.

Está claro que ella está super contenta por sus logros lingüísticos y además, vemos como sus compañeros la felicitan. M y yo encontramos tremendamente simpática la  situación y por tanto, nos queremos desinflar el globo de orgullo que ahora mismo tiene, así que le contestamos siempre como si entendiéramos todo lo que nos dice.

Con el fresco de la noche podemos, ahora sí, admirar la ciudad. Está llena de rascacielos y de edificios de nueva construcción. Se ve que ha tenido un lavado de cara. Los carteles sobre la reunión de las Grandes fortunas en la ciudad este año, posiblemente haya tenido mucho que ver.

De todas maneras se nos ha hecho ya muy tarde. Volvemos al hostal donde descubrimos que hay mucha animación en el lobby..