Día 95: rumbo a Guilin. Kame-Hame-Ha

Toca traslado.  Desde el principio, os he comentado lo poco que nos gusta movernos de ciudad. Es lo que peor lleva M de todo este viaje. Aunque más que el irse, se trata del llegar a un sitio desconocido con las maletas y mochilas bajo el brazo, expectantes por saber si a la llegada conseguiremos un transporte a un precio justo y, sobre todo, si llegaremos lo suficiente descansadas y con humor para soportar los continuos bofetones de calor que incrementan de fuerza a medida que nos desplazamos más al sur.

Pero dicen que el vaso puede verse medio lleno o medio vacío. Lo bonito que tiene moverse es que en cada desplazamiento, además de pasar un buen rato observando el paisaje y charlando, podemos leer hasta que nuestros ojos dicen “¡basta!”. Ayer preparamos nuevos libros para nuestro viaje. Yo he acabado 3 en Kunming porque soy de esas que necesita leer en paralelo libros de varios géneros, para poder adaptar la lectura al momento. M rellena todos los huecos en los que yo me dedico al blog a meterse en las vidas de otros durante unas buenas horas. ¿No os ha pasado nunca que os sentís tristes cuando algunos de los personajes que os han acompañado durante horas, desaparecen de vuestras vidas? A ambas nos cuesta despedirnos de esos personajes que nos han acompañado tantos momentos. A veces sólo han sido horas, pero ha sido tan intenso que nos cuesta decirles adiós.

El tren sale a primera hora de la mañana. Nos hubiera gustado salir desayunadas, pero algo malo que tienen en el hostal, es que suelen tardar bastante en tener la comida lista, y sobretodo son tardones en la primera comida del día. Como no queremos ponernos nerviosas, hemos decidido tentar a la suerte y comprar algo de desayuno en la estación. También hemos de hacernos con algunos noodles para las dos comidas que haremos en el tren.

¿Os he hablado alguna vez de los noodles instantáneos? La mayoría de los que habéis pisado alguna vez un país asiático o, en su defecto, un supermercado chino de vuestra ciudad, habréis podido observar unos botes que contienen normalmente un señor oriental con la boca bien abierta de sorpresa, conmocionado por las delicias que contiene ese pequeño recipiente. Recuerdo que en mi primera visita a China tengo grabado en vídeo el unboxing de uno de estos paquetes de noodles instantáneos….jajajaja… algún día no muy lejano, estaré remirando en mi ordenador y me saldrá semejante vergüenza que, casi seguro, me hará sonreír. El caso es que, dado que en los trenes de China y Rusia, existe a libre disposición del viajero, agua caliente, resultan una eficaz manera de comer caliente a un precio ridículo. El único peligro es escoger como candidato del festín gourmet, un envase que contenga alguna mezcla excesivamente picante, pero por lo demás son perfectos, incluso suelen llevar alguna salchicha o hasta un huevo duro para mezclar  con los fideos.

Tal y como esperaba el tema noodles es factible y hay mucha oferta entre la que elegir. En cuanto al desayuno queda reducido, a nuestro pesar, a zumo de zanahoria y a algunos bollitos y galletas.

En la estación somos las únicas extranjeras. No está tan concurrida como en las ocasiones anteriores y como el tren inicia su trayecto en Kunming, podemos entrar al tren casi 45 minutos antes del inicio del viaje.

Compartimos compartimento con un chico al que sólo veremos dormir y comer noodles. Os explico todo lo que sabemos de él en estas líneas: Come noodles para desayunar nada más llegar; duerme hasta la hora de comer; come noodles para comer;  duerme hasta la hora de cenar; cena noodles; y finalmente, duerme hasta las 3 de la mañana, momento en el que llegamos a la estación en la que se apea.

El día es un poco muermo de explicar porque el vagón va medio vacío y nadie, además de M y de mi, merodea en los pasillos. Lo más excitante que me ha pasado es que he liberado a una chinita de su cárcel sobre raíles. Estaba en el pasillo y unos vaivenes de una puerta me han alertado. Me he girado y he visto unos deditos saliendo por un pequeño espacio que la puerta dejaba de su marco, intentando abrir la puerta, con escaso éxito.  Creo que he esperado a que hiciera unos 8 intentos antes de ayudarla a abrir desde fuera y liberarla. No ha sido maldad, es sólo que no giraba bien el picaporte y he pensado que leería las instrucciones dibujadas que hay en la puerta antes de necesitar mi ayuda.

El paisaje de este trayecto son sobretodo huertos de hortalizas con las piezas dispuestas en una geometría perfecta. Pasamos muchas montañas, todas perforadas y atravesadas por túneles, algunos kilométricos. Las ciudades, muy feas en general, contrastan con la belleza de la naturaleza de alrededor y demasiado a menudo vemos aberraciones urbanísticas en un entorno idílico.

La noche ha sido movida y nos hemos despertado 84 veces cada una. ¡por lo menos! No ha ayudado nada que nuestro compañero de habitación fuera un tanto ruidoso a la hora de dejarnos. ¡Pero algo hemos dormido!