Día 99 : De Dazhai a Ping’An

He vuelto a quedar con Sarah para caminar. Hoy intentaremos hacer el camino desde la villa de Dazhai hasta la de Ping’An, que son nada menos que 20 Kilómetros. Aún así,  si vemos que se nos hace tedioso iremos al pueblo intermedio y luego volveremos.

Saldremos algo más tarde que ayer para poder desayunar. Este camino está mucho menos transitado y por ello seguramente no encontremos muchas posibilidades de comprar comida.

Yo pido un desayuno como Dios manda. Es tan abundante que me han puesto uno de los platos en el otro lado de la mesa, esperando, creo, que fuera para dos personas. Pero M está tan ricamente en la habitación intentando volver a dormir (bueno eso yo me lo imagino), que no le importará que me hayan llamado indirectamente tragona.

Llego unos minutos más tarde de la hora acordada. Sarah me espera, así que enseguida nos ponemos en marcha hacía la ruta escogida.

El camino es un poco cuesta arriba en sus primeros metros así que veo posible que sólo lleguemos hasta la mitad del recorrido, pero para nuestra gran alegría, esa situación dura poco tiempo y enseguida el terreno se aplana, dando un descanso a nuestras rodillas y gemelos.

El camino vuelve a ser estrecho porque pasa entremedio de los campos de arroz. La verdad es que las flores, insectos y otros animalejos nos entretienen el camino. Descubrimos multitud de momentos en los que sacamos nuestras cámaras para captar el instante. El paisaje quita el hipo y el silencio que nos rodea constantemente y que únicamente se rompe por el croar de una rana o el cantar de un pajarillo es nuestro único  compañero por muchísimo tiempo.  Nos cruzamos con lugareñas de la etnia Yao, que nos saludan y o bien nos instan a comprar sus artesanías o bien nos preguntan si hemos comida, claramente ansiosas por llevarnos a sus casas a probar algo de su comida. Nosotras nos alejamos con mayor o menor celeridad según nuestro estado de cansancio. La caminata dicen que son 4 horas y media y tampoco queremos perder tiempo puesto que aún no tenemos claro si llegaremos al final o bien regresaremos una vez hayamos llegado a medio camino.

Caminamos y caminamos entre conversaciones, fotos y descansos. Una vez hemos llegado al pueblo, parece un acuerdo tácito que llegaremos hasta el final. Nos vemos con las fuerzas necesarias y hasta ahora el paisaje bien merece la pena.

Hemos de preguntar un par de veces indicaciones para encontrar hacia dónde ir. Incluso nos encontramos a unos exhaustos excursionistas que vienen del sentido contrario y nos dicen, casi sin aliento,  que sigamos el camino.

La última parte del trayecto es la menos fácil y bonita, al menos por algunos momentos, y por ello agradecemos no haber hecho el camino contario, puesto que en ese caso el inicio hubiera sido lo suficientemente duro como para desistir del intento.

Nos sentimos como dos campeonas cuando por fin, detrás de una colina, divisamos la villa de Ping’An. Es más grande que Dazhai y mucho más concentrada. Antes de bajar, vamos a los puntos turísticos de la villa, “9 dragones y 5 tigres” y “Las Siete Estrellas y la Luna”. El segundo punto es el más concurrido, con diferencia. Allí vemos algunos grupos de turistas chinos y muchos más turistas occidentales. Bajando oigo a un grupito de españoles y casi me caigo porque me distrae volver a oír a mis paisanos. Sarah y yo vamos en busca y captura de un restaurante con vistas para comer algo. Es una tarea tremendamente fácil. Somos sus únicas clientas aunque eso dura pocos minutos porque enseguida el grupo de españoles que he oído entran a comer.

No puedo evitar preguntarles. Son del norte, de Bilbao. Una de ellas vive actualmente en Shanghai con su marido y los otros dos están de visita.

Mientras comemos, empieza a diluviar. Vaya suerte hemos tenido porque hay truenos y relámpagos.

Hemos tenido wifi, hasta que ha empezado a llover de verdad. Tengo un críptico whatsapp de M, hablando sobre nuestro amigo el ratón y un cambio. Ahhh es de aquel tipo de mensajes dónde la autocorrección ha cambiado palabras clave y los espacios son puntos porque por alguna extraña razón, cuando eres madre omites la tecla del espacio y la sustituyes por el punto. Sobreentiendo que nos han cambiado finalmente de habitación. Me gustará conocer qué tal ha sido su día 🙂 .

Nos han dicho que hay un autobús a las 17h, desde la zona del parking un poco más abajo del pueblo. Bajamos con tiempo porque no tenemos muy claro si nos perderemos. Nuestro buen karma hace que pare de llover justo cuando hemos decidido salir del restaurante.

Abajo nos encontramos con unos turistas que reconocemos habernos cruzado ayer. Vamos todos de regreso a Dazhai por lo que al final nos juntamos 6 extranjeros haciendo la misma ruta.

El autobús no sale con mucha puntualidad, pero poco podemos hacer al respecto. Lo riegan por fuera como si fuera una planta, no sé si es para limpiarlo o para bajar la temperatura del cuerpo del vehículo lleno ya de pasajeros.

Hemos de hacer un cambio de autobús en otro intercambiador. Parece que el siguiente pasa en unos 20 minutos más. Pero han pasado sólo 10 cuando pasa una furgoneta semi vacía de pasajeros y nos acoge a cuatro de nosotros en su interior. Somos 4 adultos en el espacio reservado para dos, así que vamos un poco apretados. Pero igualmente conseguimos conversar con los dos ingleses, Colom y Ellen, que se han unido a Sarah y a mí en esos asientos libres.

Una vez en la villa de Dazhai, Sarah y yo hemos de seguir camino, colina arriba hasta llegar a Tientou, el pueblo en el que nos alojamos. Los últimos kilómetros se nos hacen interminables. Yo tengo todo el cuerpo rozado y cada paso es un suplicio para mí. Aún así conseguimos nuestro objetivo.

Bajo a buscar a M y nos tomamos las tres algo fresquito en la terraza de nuestro hostal. La historia paralela a la nuestra, la de M, es que a las 11 de la mañana super ratón se paseaba impunemente por el alfeizar de la ventana y además era suficientemente atrevido cómo para pasearse por debajo de la cama de M. Ella se ha hecho la fuerte, pero no ha podido evitar cierto nerviosismo y malestar. Al final, ha bajado y le ha dicho con señas a Fu que había un ratón. Éste no la ha entendido, así que al final ha tenido que dibujar un ratón en un papel para que éste captara el mensaje. Me hubiera gustado conservar la prueba pictográfica, pero no ha podido ser Al final, nos han cambiado de habitación.

De regreso al hotel, le pido una botella de agua fría, pero sólo las tiene semi frías. Me dice “prueba esto” y me tiende un chupito bien frío con unos granos de arroz dentro. Me quita enseguida el calor, pero no sé qué es lo que he bebido. Parece que es licor de arroz glutinoso. No he tenido la sensación de estar bebiendo alcohol y además me lo he bebido de golpe. ¡Kanpei! (ganbei 干杯)