¡No hay vergüenza!

¡No hay vergüenza!

Nada de lo que os diga serviría para excusarme por no haber publicado en tan largo tiempo. Podría escudarme en la conexión a internet inestable, a la necesidad de VPN, a la posible falta de interés para vosotros de lo que se convirtió pronto mi día a día, pero como realmente creo que ninguna de las excusas que os pudiera dar sería suficientemente de peso, voy a obviar este paso.  Os escribo mientras las lluvias torrenciales llevan al más absoluto caos urbanístico a la ciudad de Beijing y aprovecho el tiempo de descanso de hacer, deshacer y rehacer las maletas con tal de equilibrar los pesos de las mismas. Las lluvias son una fea despedida de la ciudad que tan bien me ha acogido durante tres largos años.

Vuelvo a casa. Barcelona, España o Europa, quién sabe cuál será mi destino final; las oportunidades laborales al final son las que marcaran dónde voy a asentarme en los próximos años. Pero hasta que eso quede decidido no puedo dejar de pensar en la etapa que cierro…

Han sido tres años en el país de en medio, tres años de estudiar y chapurrear un chino, más bien roto. Tres años de en ocasiones, despotricar, en ocasiones de disfrutar de este país.  Años de desconexión y reinvención personal obligada.

Aquí he hecho de todo: estudiante, profesora de español, de natación, de analista de calidad, de life-coach,… He trabajado para empresas como Apple, Huawei y Microsoft. He conocido gente de muchas nacionalidades y de diversos continentes. Todos con algo en común: gente ancha de miras, algo soñadores, con espíritu de aventura, despiertos, audaces y optimistas. Porque no nos engañemos, vivir en China no es fácil. Se necesita sobre todo una gran dosis de esto último: optimismo. Si no consigues crear un escudo de optimismo alrededor de ti las ciudades te devoran, la gente te molesta, la polución te consume día a día, y las dificultades y barreras legales te consumen.

Con los amarres ya casi recogidos y preparada para navegar nuevamente hacia aguas del mediterráneo no puedo evitar pensar en cómo echaré de menos la sorpresa del día a día, el encontrarme y reencontrarme con gente excepcional y de la he aprendido muchísimo, la calma del barista que  a días disfruto, a días me desespera, el pato pekinés, el hotpot, las judías marvillosas, el tofu japonés, los caracoles picantes ( con su consiguiente 拉肚子) , taobao (¡tan reticente que fui al principio!), las nuevas y enormes posibilidades que el uso de tu teléfono te ofrece (mucho más desarrollado en China que en el resto del mundo) y un sinfín de pequeñas cosas que desaparecerán hasta la próxima vez que decida volver.

GRASS SMILING

Sé que vuelvo diferente y soy muy consciente de todo lo que me ha transformado Asia. Sin opción a elegir he tenido que simplificar mi vida, me he desenganchado de redes sociales, desuscrito de miles de antiguas páginas de compras online que reventaban mi bandeja de entrada, reinventado mis recetas en la cocina y cambiado hábitos alimentarios, y sobre todo, reordenado mis prioridades en la vida. Vuelvo con pesar y con alegría. Ambos sentimientos se mezclan a días. La felicidad de volver a casa se mezcla con el miedo a regresar a una España que desde la distancia se ve aún incierta y sumida en un fracaso político, económico y socialmente fracturada.

A aquellos que una vez me conocieron: sed pacientes con la nueva Raquel, que no es ni mejor, ni peor, sino fundamentalmente diferente a la que ya hace más de tres años, se marchó de España con una maleta llena de ilusiones e incertidumbre. Necesitaré  tiempo para adaptarme nuevamente y desprenderse poco a poco de hábitos que, quizás, no querré perder; tiempo para dejar atrás  expresiones en chino, inglés y palabras inventadas mezclando idiomas; tiempo para dejar de comparar países , paisajes y costumbres; tiempo para volver a ser consciente, que en España y Europa, mi bolsa puede desaparecer de mi silla y mi móvil de la mesa, si me descuido; tiempo para que mis oídos  dejen de oír conversaciones ajenas, que ahora, podré entender; tiempo para dejar de decir que algo es nuevo cuando para ti es algo que salió o cambió hace tres años.; ¡tiempo para volver a disfrutar de vosotros!

再见北京!