Dia 0: from Barcelona to Paris

Hoy no suena el despertador. Llevo horas despierta pensando en lo que me espera. Tooshy, mi gata, ajena a lo que va a pasar, se despereza a mi lado y reclama su dosis matutina de comida. Aunque en la cama se está calentita y no hay prisa por levantarse, Coco, el otro gato, ha oído ruido. De hecho, si levanto la cabeza del cojín puedo alcanzar a ver su silueta desdibujada en la oscuridad de mi dormitorio. Él también espera su parte.
Con semejante presión, decido no hacerme más de rogar y levantarme. Los dos gatos corren delante de mi hacía la cocina, como si eso fuera a acelerar mi paso. Mientras la máquina de café se pone en funcionamiento, sacio su gula animal y empiezo a prepararme el desayuno. Como si significara algo, hoy acabo la última rebanada de mi pan de desayuno y me tomo un desayuno que me sabe mejor que nunca.
La rutina diaria en los últimos días es mirar si ha salido la resolución de la beca que he solicitado. Sería fabuloso que hoy fuera el día, pero no, no hay noticias.
El tren sale cerca de las ocho de la noche de la Estación de Francia. Me queda mucho día por delante y lo maldigo. Prefiero levantarme y salir directa a la estación o aeropuerto, ni que sea para viajar aquí a la esquina. Las últimas horas de cualquier viaje son inservibles para mi y por tanto prefiero dormirlas.

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