“y cómo decíamos ayer…”

Me enseña mi amigo Martín que después de pasar tiempo encarcelado Fray Luís de Leon reanudó sus clases de profesor universitario con tal célebre frase. Pues con esta frase, quiero empezar una nueva entrada en este blog. ¿Cómo? ¿Qué os tenía abandonad@s? pues algo de razón tenéis. Pero para eso tenéis los cuadraditos de comentarios y un formulario, para cantarme las cuarenta.

Muchas cosas han pasado en estos casi dos años desde que empecé mi gran viaje. Pero ya os iréis enterando por el camino. Sed pacientes.

Hoy quería hablaros de la mejor visita que he realizado desde que estoy en Beijing. He ido a visitar un asilo de niños con problemas. De hecho se trata de un centro especial dónde los orfanatos envían a los niños con problemas médicos, mientras reciben el tratamiento adecuado o bien esperan la cirugía y posterior recuperación.

No voy a mentiros. Ayer pasé una mala noche. No podía dormir. Estaba ciertamente ansiosa por lo que podía vivir. No las tenía todas de no acabar llorando como una magdalena por lástima de verles con problemas que aún harán, más difícil, su vida. Pero, para contrarrestar mi ansiedad, también no paraba de pensar que también podía jugar con ellos disfrutando del momento.
Tal y como hoy en día empieza casi todo, sólo conocía a los integrantes del grupo de visita por sus avatares en WeChat. El punto de encuentro, irónicamente, es el lobby de un hotel de lujo de Beijing.

Como siempre he sido de las primeras en llegar. Así que a medida que iba llegando la gente me iba presentando y estrechando manos. Aunque la mayoría son de nacionalidad china todos hablan inglés. La mayoría explican que han vivido años en el extranjero: Canadá, Finlandia, Australia, Nueva Zelanda,.. Annie que es la persona que me ha integrado en este grupo de visita, es la última en llegar, aunque es también nuestra coordinadora, con lo que su llegada enciende la maquinaria para movernos.

Comemos en la furgoneta que han alquilado. Yo he cocinado esta mañana algo de pasta, que mezclada con los restos que todos tenemos en la nevera, me fascina. Sólo nos lleva una hora llegar hasta el asilo.

Allí, Rebecca una americana con madre andaluza, nos recibe y guía posteriormente por las diferentes salas, dormitorios y nurseries. Nos explica que New Hope Foundation fue fundada por un matrimonio británico – australiano hace casi quince años. Que reciben fondos sobretodos privados, aunque gran parte de ellos vienen de los estados unidos. Que los niños tienen entre un mes y cinco años actualmente, y que doctores voluntarios de los estados unidos vienen a formar a cirujanos chinos de la zona para que sean capaces de realizar las operaciones más comunes. Nos habla del coste de adoptar un niño.: 30.000,00 USD por niño; del tiempo que requiere: cinco años de media para un niño sin problemas, uno para un niño especial.

Se hace difícil escuchar todo aquello ignorando las ventanitas que nos permiten ver a los niños jugar con sus ayis (el nombre chino para “tía”). Aquellos que ya saben andar, pueden a duras penas llevar el peso de su cuerpo hacia las ventas u otras rendijas desde las que nos curiosean a todos. Para ellos, al otro lado del cristal, somos nosotros el objetivo de su escrutinio.
Todos tenemos ganas de jugar con ellos. Aunque aprovechamos que van todos en procesión -ya sea de la mano de una cuidadora, ya sea en carritos dobles de bebé a la cantina a comer un pequeño snack- para decorarles las habitaciones y lugares de recreo con motivos del nuevo año chino, el de la oveja, que celebrarán en breves días.

mmexport1423406818969

En seguida nos ponemos manos a la obra. Nos distribuimos por las diferentes habitaciones y yo lleno mis bolsillos con caramelos que he traído para sobornales 🙂 . Yo soy la primera en romper las formalidades y sentarme en el suelo, a su altura. Así que en seguida vienen a mí y a mis caramelos. Están enfermos, pero son niños y son avispados. Así que enseguida sus manitas empiezan a buscar en mi bolsillo su dulce recompensa.

Mi móvil es pronto un juguete más, y mi reloj es también objetivo de sus manitas. Sus cuidadoras se quedan a un lado vigilándonos a nosotros y a los niños. Algunos ríen, otros lloran, todos juegan. Enseguida me doy cuenta, que les encanta sentarse en el hueco que dejo entre las piernas, haciéndolas su casita temporal, otros acaban montando a caballo en mi regazo. El idioma no es un gran problema en estos momentos. Me tocan la cara, el pelo y algunos me dan besos y me llaman “mamá”, puesto que mi ropa es de idéntico color al de sus ayis. Acabo embadurnada de caramelo pegajoso, pero me importa bien poco. Nos lo pasamos todos en grande. Incluso cantamos y bailamos con ellos. Pero, todo acaba y llega la hora de despedirse. Muchos nos lanzan besos con sus manitas y nos agitan la mano a modo de despedida, otros no se giran ya que están demasiado distraídos con sus juguetes.  Son niños 🙂 .

Para muchos ha sido una tarde más en la ciudad de Beijing aunque no para mi.

mmexport1423364380689

mmexport1423364386345

mmexport1423364383231

mmexport1423406889712 mmexport1423364375628 mmexport1423364383231IMG_20150207_141528

os dejo también un video de Youtube del sitio en cuestión.